Nunca pregunté a Claire...

Nunca pregunté a Claire si ella se drogaba. No sé por qué, pero no me pasó por la imaginación que lo hiciese.

Por la noche nos dijeron: «Hemos estado encerrados todo el día, vamos a dar una vuelta».

—Claire, te lo confío, no le dejes hacer tonterías.

—No, no; no volveremos tarde.

A las diez no habían vuelto; nos fuimos a la cama, pero después de lo que ya sabía, no podía dormir. A las once y media llamaron a la puerta. Él tiene llave. Mi marido, rápidamente, se vistió y fue a abrir: dos agentes de policía.

—¿Tienen ustedes un hijo que se llama Serge?

—Sí.

—¿Saben que se droga?

—Nos hemos enterado esta mañana.

—Pues bien, está en el hospital, a causa de una sobredosis. ¿Tienen más hijos?

—Sí, tres chicos que están ahora durmiendo.

—¿También se drogan?

—Supongo que no, hacen mucho deporte.

—Pueden ir a verle, está en coma, no se sabe si despertará.

Duele, duele mucho. Ahora lo explico tranquilamente, pero en aquel momento fue muy duro, mucho.

Fuimos los dos. Encontramos a "Claire junto a él y a otro amigo, que también se drogaba.

Nunca me había dado cuenta de nada; para mí, era un muchacho normal, sí, de lo más normal. En ningún momento nos dio problemas. Salía de noche, sí; intentó hacer deporte como los otros, pero lo dejó. Para mí, estaba su amigo y su amiguita. Eso es todo.

—Claire, había confiado en ti y tú has dejado que se pinche. Estaba segura de que contigo no haría nada malo. Pero ya la primera noche...

—Señora Rolin, usted no puede comprenderlo ni lo comprenderá aunque se lo explique...

Vimos a Serge, que estaba bajo perfusión. Nos dijo: «Perdonadme, no lo haré más. Ha sido la última vez».

Efectivamente, fue la última vez. Fueron pequeñas cosas, estoy segura, las que le llevaron a ello. Todos somos responsables, los padres en primer lugar. Nosotros, quizá, por haber sido más severos con él que con los otros. Pero la sociedad también lo es.

En cierto sentido, aunque nos hizo mucho daño y fue un drama para nosotros, quizá puede servir de ejemplo para otros. Hay que contarlo y, para empezar, pienso en uno de mis hijos llamado a ser profesor.

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